Barack vs Fernando

Cuando Fernando Alonso recibió el premio Príncipe de Asturias por su carrera deportiva ejemplar, muchos se mostraron en desacuerdo, alegando que era muy joven y que otros poseían mayores méritos. Los dos campeonatos del mundo de F1 de aquel pipiolo astur no podían competir con los 12 más uno ganados por Ángel Nieto. A mí me parecía que el jurado del príncipe de Asturias era muy dueño de dar el premio a quien le viniera en gana y que Fernando era un buen ejemplo para una juventud contemporánea que le conoce y que no sabe muy bien quien es Ángel, más cercano a mi edad y a quien respeto y admiro. No diré, por tanto, que el jurado de Oslo no puede dar sus premios a quienes gusten, aunque personalmente, sin negarle el beneficio de la duda, entiendo menos el otorgado a D. Barack Obama, quien sólo ha ganado, por ahora, unas elecciones en su país y al que le queda mucho camino por recorrer antes de que puedan verse los frutos de su política.

En la antesala del acto de entrega de su premio, antes de su discurso, los partidarios de la PAZ (Plataforma de apoyo a Zapatero, vamos, los de la ceja) brindaban alborozados por el reconocimiento que se hacía al inspirador de su líder, como si Rodríguez Zapatero hubiera sido  el responsable de la elevación a los altares del pacifismo mundial de su idolatrado Obama.  Pero el discurso del líder norteamericano tras recibir el Nobel de la Paz, ha pillado a muchos con el pie cambiado, resulta que lo de Afganistán no es, como dijo literalmente Zapatero “una misión de estabilidad y reconstrucción”, o como explica la fiel Carme Chacón “una misión de paz, humanitaria, para reconstruir el país”, sino que Barack Obama ha dejado bien claro que “estamos en guerra, y soy responsable por desplegar a miles de jóvenes a pelear en un país distante… Yo, como cualquier jefe de Estado, me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país”. Más claro en latín: Si vis pacem, para bellum.

Frente al Ejército de Bono, que prefería morir a matar, o el de Chacón, entrenado para apagar incendios y socorrer a víctimas de catástrofes, misiones muy loables todas ellas, aparece el de Norteamérica, que se enorgullece de que “el coraje y sacrificio del soldado está lleno de gloria, expresando la devoción al país, a una causa y a sus compañeros de armas”, ahí es nada. En contraste con los eufemismos del PSOE, el presidente del PP ha mostrado su apoyo a las Fuerzas Armadas españolas, “que están dando una batalla en la guerra de Afganistán, con el respaldo del Gobierno y de la oposición, en defensa de la democracia, de la libertad y de los derechos humanos”.

Queda también en evidencia el “buenismo” del pacto de civilizaciones, el diálogo con todos, que aterriza bruscamente ante la afirmación rotunda de que “las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaeda para que depongan las armas”. Quizá Zapatero debería darse por aludido cuando escucha de boca de su amigo que “en muchos países hay una profunda ambivalencia sobre las acciones militares hoy en día, sin importar la causa… en muchos países hay una desconexión entre los esfuerzos de aquellos que están al frente y la ambivalencia del público general”. Dice Obama, en otro momento de su discurso, que “la simple creencia de que la paz es deseable rara vez es suficiente para lograrla” y al final de su disertación afirma que “podemos entender que exista la guerra, pero seguir esforzándonos por la paz”, mientras el presidente del gobierno de España sigue promoviendo la inacción, la retirada de tropas y pensando que el poder taumatúrgico de sus palabras huecas es suficiente para crear un mundo feliz, sigue creyendo que por el hecho de formular un deseo, envolverlo en retórica y ponerlo en forma de ley, se obrará el prodigio y desaparecerán los conflictos y la violencia, como a él le gusta llamar a las guerras.

No sé si el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica será o no merecedor del Premio Nobel de la Paz, como tampoco estoy en condiciones de discutir el premio que recibió en su día Fernando Alonso, pero sí puedo decir que a mí me gusta Fernando Alonso y también Barack Obama; el presidente demócrata tiene muy claros los principios que le permiten conducir  la nación más poderosa del mundo y que son los mismos que defendieron los anteriores presidentes norteamericanos, citados por el actual en Oslo, sin distinguir los de un partido de los del otro.
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2 Comments
  • Anónimo
    Anónimo 16 de diciembre de 2009 a las 14:46

    Señor López Escobar da gusto leerle. Y, en este caso, además, comparto absolutamente su exposición. Un Ejército es siempre un Ejército, y si no lo es, debe ser llamado de otra manera. Y el presidente de los USA es siempre el presidente de los USA, sea demócrata o republicano, católico o anglicano, wasp, latino o afroamericano. Está claro.

    • Javier López-Escobar
      Javier López-Escobar 7 de marzo de 2021 a las 19:24

      Muchas gracias amigo

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